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El tic tac del reloj

¡El tic tac del reloj ya no es el mismo! Estos trenes pasan a diario por estos rieles, acelerándose empequeñecen al tiempo.

¡Desconocidos! Un mar de personas de un lugar a otro. ¿Qué pensarán mientras abordan sin cesar trenes bulliciosos?

¡Las sonrisas han muerto! Sólo algunos gestos, rostros sombríos. Sufren y temen, callan en absoluto. Bajo esas cabelleras; detrás de lentes obscuros.

¡Dios, si yo pudiese traer hasta aquí Cantos de pájaros, aroma de lilas, de un colibrí el zumbido.

Arrullos de arroyos, fe para ahuyentar sus demonios. Aquellos seres que atracan por la noche; monedas y bolsos.

De vez en cuando a estos vagones; timidez o lentitud de un caracol. Cálido viento de montañas humeantes. La imaginación; fantásticas historias de elefantes y niños…

La serenidad de una media luna, el capitán enternecedor del cielo Una estrella y sus blancas fuentes de fuego.

¡Desconocidos! Y no digo, sólo pienso. Cosas no por unos cuantos pesos Nadie está deseoso de abrir puertas; desenvolver pasados, desenmascararlos para no continuar enfermos.

¡Dios; si yo pudiese curar lamentos! Podría decir —hermanas, hermanos No es el caos la muerte, es el reprimido silencio.

¡Habéis curado ciertas penas y sobrevivido a las más agudas; ¡Pero qué tormentos de dolor soportasteis por males que nunca llegaron!

R<>W<>E

<> Author Angel © Voset

<> Photography by Asha Carolyn Young —pixels.com

<> Artmajeur.com, mystical Christ.com and fineartamerica

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